Sed y hambre de Dios - Palabras para vida eterna

DIOS NO SE OLVIDÓ DE TI

Sed y hambre de Dios

«Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de tí, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas». Salmo 63: 1

Conocer a Dios es fundamental para ser salvo. Nuestro Señor lo dijo de la manera más clara posible:
Sed y hambre de Dios
«Y esta es la vida eterna; que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado». Juan 17:3

¿Qué es conocer a Dios?

Es conocer de él cuanto podamos, igual que sabemos muchas cosas de las personas que conocemos y por eso las amamos. No te pierdas en razonamientos.

Conocer a Dios es tener una relación con él como la relación que tienes con la persona que más amas en la vida.

¿Cómo podemos conocer a Dios?

Ten la completa seguridad de que ninguna persona conocerá a Dios si se sienta a esperar hasta experimentar un sentimiento o una emoción que le confirme que el Señor le ha hablado.

Conocer a Dios requiere un esfuerzo constante. Es necesaria una búsqueda deliberada y sincera.

Uno debe proponerse conocer a Dios y a su Hijo Jesucristo. Luego, confiar en que él responderá al deseo del corazón, al grito de su alma.

La manera principal que tenemos a nuestra disposición para aprender más de Dios es a través del estudio de su Palabra y de la comunicación con él a través de la oración.

Tal vez ya hayas escuchado demasiado la amonestación de orar y estudiar la Palabra. Quizá estés cansado de escuchar el consejo: «Ora y estudia cada día la Palabra de Dios».

Sin embargo, hay una razón fundamental detrás de ese consejo:

únicamente a través del estudio constante de las Escrituras (sea leyéndola o escuchando cómo la lee otra persona) y de la perseverancia en la oración se puede profundizar en el conocimiento de Cristo.

Recuerda que la Biblia es el producto de la mente y el corazón de Dios. Es la herramienta principal que él utiliza para que podamos conocerlo mejor.

Es la manera en que se revela a sí mismo, para evitar que nos inventemos un dios a nuestra imagen y semejanza, un dios a quien haya que convencer mediante muchos ruegos y sacrificios para que sea movido a compasión; o un dios que no demande un estilo de vida conforme a su propia voluntad.

Adopta una decisión que será una bendición para ti durante el resto de tu vida.

Decide hoy que, a través de la oración, la asistencia a la iglesia, el estudio de la Biblia, y otras lecturas y otras actividades piadosas, serás tenaz en tu esfuerzo por conocer a Dios y su voluntad, sus caminos y sus propósitos.

Tomado de: «Siempre Gozosos»
Juan O Perla - 3 de Marzo