«Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová, no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado». 1 Reyes 19:12
Eran aproximadamente las diez de la noche cuando un joven, miembro de la iglesia, se puso de rodillas para presentarle al Señor una de sus necesidades más urgentes.
Para realizar su trabajo con mayor eficiencia necesitaba un carro. Como no tenía un solo centavo en el bolsillo, su única posibilidad de obtener ei dinero era pedir al Señor que hiciera un milagro.
Pensó en comprar un billete de la lotería que se realizaría al día siguiente.
En el país donde vivía se acostumbra que ia víspera del sorteo los vendedores de billetes de lotería recorrieran las calles, anunciando en voz alta los últimos billetes.
En su oración, el joven al que nos referimos, dijo:
«Señor, tú sabes que necesito con urgencia un carro. Si en este instante pasa un vendedor de lotería, anunciando sus billetes, reconoceré que tú estás hablando y lo compraré, y tú harás el milagro de que yo gane el sorteo para conseguir el dinero que necesito para comprar el carro».
En el instante en que terminó de orar escuchó la voz de un vendedor. Se levantó de sus rodillas y compró el billete de lotería.
¿Fue Dios quien habló a aquel joven?
Es importante discernir la voz de Dios, especialmente cuando se deben tomar decisiones difíciles.
Hay varios principios que todos podemos aplicar para saber con certeza si lo que escuchamos es la voz de Dios o una bien distinta.
Lo más básico y seguro es que respondamos con sinceridad la siguiente pregunta: ¿Está la decisión que pienso adoptar en armonía o en conflicto con la Palabra de Dios?
El Señor nunca nos pedirá que hagamos nada que sea contrario a lo que ya ha revelado claramente en su Palabra.
La mejor manera que tenemos siempre a nuestro alcance para reconocer la voz de Dios sin temor a equivocarnos es dedicar tiempo suficiente a leer y meditar en las Sagradas Escrituras.
Conocer la Palabra de Dios como resultado de un estudio diligente nos ayudará a distinguir la voz de Dios de los engaños sutiles de Satanás o de los mensajes que envía la carne mediante sus deseos.
No desperdicies tu tiempo analizando las muchas voces que escuchas.
Conoce la voz de Dios registrada en su Palabra y te será más fácil reconocerla a la primera en lo sucesivo, para descubrir su voluntad y tomar la mejor decisión en todos los asuntos de la vida.
Tomado de: «Siempre Gozosos»
Juan O Perla - 2 de Marzo
Juan O Perla - 2 de Marzo
