Sígueme - Palabras para vida eterna

DIOS NO SE OLVIDÓ DE TI

Sígueme

«El único camino hacia la fe es el de la obediencia a la llamada de Jesús». — Dietrich Bonhoeffer

«Sígueme». Esta fue la primera y última palabra que Jesús dirigió a Pedro.

Sígueme

Situémonos en la primera escena:

«Jesús pasaba por la orilla del Lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano Andrés. Eran pescadores, y estaban echando la red al agua. Les dijo Jesús:Síganme”».

(Marcos 1:16–17)

Así de simple. Jesús es quien llama: «Ven detrás de mí».

No hay ningún programa. El plan consiste en abandonar la comodidad y la relativa seguridad de la vida para emprender un camino imprevisible, lleno de posibilidades infinitas que el mismo Jesús va abriendo delante de nosotras.

Pedro dejó sus redes y siguió a Jesús.

Ahora, la segunda escena.

Después de resucitar, «Jesús se apareció otra vez a sus discípulos, a orillas del Lago de Tiberias».

(Juan 21:2)

A instancias de Pedro, se hallaban pescando, es decir, ejerciendo de nuevo la antigua profesión que ya había abandonado una vez.

Tras una intensa conversación con el apóstol, Jesús le dijo una vez más:

«Tú sígueme».

(Juan 21:22)

De nuevo se presentó ante Pedro la única posibilidad de creer: abandonarlo todo y seguirle.

Tu vida y la mía también se encuentran enmarcadas por esta llamada:

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame».

(Marcos 8:34, RV95)

Seguir a Jesús conlleva tres pasos:

1. Obediencia voluntaria, no forzada: «Si alguno quiere».

Jesús no impone nada ni exige nada. Todo depende de una decisión libre.

2. Negación de una misma.

Esto no consiste en maltratar el cuerpo ni en huir de la vida o de la sociedad.

Negarse a una misma es fijar la mirada en quien nos ha llamado y en el camino que abre delante de nosotras, y no en nuestros propios deseos ni en los caminos que más nos gustan.

3. Aceptación de lo negativo, o, en términos bíblicos, «tomar la cruz».

La cruz significa rechazo y sufrimiento, no porque el sufrimiento tenga valor en sí mismo, sino porque «el Hijo del hombre tendría que sufrir mucho y sería rechazado».

(Marcos 8:31)

Seguir a Jesús es correr su suerte.

«Sígueme» es la primera y última palabra que Jesús nos dirige cada día.

Por tanto, cada día, hemos de tomar una decisión.

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame».

(Marcos 8:34, RV95)

Tomado de: «Ante todo, ser cristiana»
Mónica Díaz - 2 de Enero