Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo. Juan 18:36
El reino de Dios viene sin manifestación exterior. El Evangelio de la gracia de Dios, con su espÃritu de abnegación, no puede nunca estar en armonÃa, con el espÃritu del mundo. Los dos principios son antagónicos...
Pero hoy hay en el mundo religioso multitudes que creen estar trabajando para el establecimiento del reino de Cristo como dominio temporal y terrenal.
Desean hacer de nuestro Señor el Rey de los reinos de este mundo, el gobernante de sus tribunales y campamentos, de sus asambleas legislativas, sus palacios y plazas.
Esperan que reine por medio de promulgaciones legales, impuestas por autoridad humana. Como Cristo no está aquà en persona, ellos mismos quieren obrar en su lugar ejecutando las leyes de su reino.
El establecimiento de un reino tal es lo que los judÃos deseaban en los dÃas de Cristo.
HabrÃan recibido a Jesús si él hubiese estado dispuesto a establecer un dominio temporal, a imponer lo que consideraban como leyes de Dios, y hacerlos los expositores de su voluntad y los agentes de su autoridad.
Pero él dijo: “Mi reino no es de este mundo”. No quiso aceptar el trono terrenal...
No por las decisiones de los tribunales o los consejos o asambleas legislativas, ni por el patrocinio de los grandes del mundo, ha de establecerse el reino de Cristo, sino por la implantación de la naturaleza de Cristo en la humanidad por medio de la obra del EspÃritu Santo...
En esto consiste el único poder capaz de elevar a la humanidad. Y el agente humano que ha de cumplir esta obra es la enseñanza y la práctica de la Palabra de Dios...
Ahora, como en los dÃas de Cristo, la obra del reino de Dios no incumbe a los que están reclamando el reconocimiento y apoyo de los gobernantes terrenales y de las leyes humanas, sino a aquellos que están declarando al pueblo en su nombre aquellas verdades espirituales que obrarán, en quienes las reciban, la experiencia de Pablo:
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mÔ. Gálatas 2:20.
—El Deseado de Todas las Gentes, 470, 471.
Tomado de: «La maravillosa gracia de Dios»
Ellen G White - 5 de Enero
