Mas los varones que subieron con él, dijeron: «No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros».
Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: «La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura.
También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos». Números 13: 31-33
Cuando el pueblo de Israel llegó a las fronteras de Canaán, Dios le ordenó a Moisés que enviara espías a la tierra para explorarla.
La orden que les dio fue esta: «Observad la tierra cómo es, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o numeroso» Núm 13:18.
Los espías recorrieron la tierra y presentaron su informe: "Diez ellos vieron la tierra de forma negativa y pesimista".
Solamente Josué y Caleb vieron la tierra y sus habitantes desde la perspectiva de las promesas de Dios. Señalaron que la tierra era sumamente buena y que debían conquistarla inmediatamente.
Los diez espías pesimistas miraban la vida desde una perspectiva humana que conduce a la derrota.
Decían: «Ellos son más grandes. Nos devorarán. Somos muy poca cosa». Frecuentemente enfrentamos los mismos temores que experimentaron aquellos diez espías.
Dios quiere que entremos en la tierra prometida, que tomemos posesión de ella, pero hay enemigos que nos llenan de miedo y nos hacen sentir pequeños e insignificantes.
Esos enemigos pueden tomar la forma de adicciones, entretenimientos, finanzas o prioridades mundanales. Incluso podemos enfrentar enemigos más tangibles que amenazan con causarnos dolor físico o emocional.
Todos estos enemigos parecen ser gigantes invencibles que pueden mantenernos fuera de la tierra prometida.
Solo hay una salida: "al igual que Caleb y Josué, hemos de ver la vida desde la perspectiva de las promesas de Dios".
Debemos hacer un recuento de las circunstancias en que Dios nos ha librado en el pasado.
Al recordar lo que Dios ha hecho por nosotros en el pasado, nos alentaremos para decir: «Gloria a Dios. Estoy listo para heredar la Canaán celestial».
Sin una perspectiva clara de quiénes somos tú y yo en Jesucristo, todo enemigo parece ser un gigante invencible.
Pero cuando depositamos nuestra confianza en Dios y permitimos que obre en nosotros; nos veremos como Dios quiere que seamos.
«Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó» Romanos 8: 37
Tomado de: «Siempre Gozosos»
Juan O Perla - 7 de Enero
Juan O Perla - 7 de Enero
