«Al que responde sin haber escuchado, la palabra le es fatuidad y vergüenza». Proverbios 18:13
“La razón por la cual tenemos dos oídos y una boca es porque debemos oír más y hablar menos”. Seguramente tú ya conoces esta frase. Pertenece a Zenón, que vivió tres siglos antes de Cristo.
Era un filósofo griego que le daba valor al arte de oír. Es triste ver que hoy a poca gente le gusta escuchar.
Tal vez por eso los psicoanalistas tienen una carrera lucrativa. Miles de personas acuden a los consultorios para que las escuchen. Todos hablan, todo el tiempo, y en todo lugar.
El consejo de Salomón tiene que ver con el peligro de hablar antes de oír.
No seas apresurado, presta atención. No hay sustituto para la atención. Si no sabes todavía cuál es la pregunta completa, ¿cómo vas a responder? Si no escuchas la orden, ¿qué vas a obedecer?
Aprende a escuchar. Es una de las principales necesidades del ser humano.
Escucha la voz de Dios. Detente, medita, analiza por qué las cosas están yendo de la manera que están yendo.
Si todos los días dedicas un tiempo para escuchar la voz de Dios, durante quince minutos por lo menos tu día será más productivo.
La fuerza que viene del Señor te ayudará a enfrentar los desafíos del día con valor.
El valor no es ausencia de miedo. El miedo siempre estará presente en la naturaleza humana, pero tú lo encararás y lo dominarás con las fuerzas que recibes de Dios en esos quince minutos diarios de meditación.
Si, por el contrario, sales de mañana corriendo para cumplir tus compromisos, sin escuchar la voz de Dios, el resultado, según el versículo de hoy, será: «fatuidad y vergüenza».
Fatuidad es tontería, insensatez, incapacidad de hacer las cosas adecuadas.
¿De qué vale correr como un loco, de un lado al otro, tratando de hacer lo máximo, si por causa de la fatuidad estropeas todo lo que realizas?
Haz de este día un día de realizaciones. No te contentes con hacer lo mejor que puedes. Dios está siempre dispuesto a ayudarte a realizar más de lo que puedes.
La excelencia es el blanco de aquellos que aprenden a desconfiar de sus propias fuerzas y depositan toda su confianza en Jesús.
Que Dios te dé un día de mucha atención y extraordinaria productividad, y no olvides: «Al que responde sin haber escuchado, la palabra le es fatuidad y vergüenza».
Tomado de: «Cada Día Más Sabio»
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Alejandro Bullón - 28 de Diciembre
