Carcoma de los huesos - Palabras para vida eterna

DIOS NO SE OLVIDĂ“ DE TI

Carcoma de los huesos

«El corazĂ³n apacible es vida para la carne; mĂ¡s la envidia es carcoma de los huesos». Proverbios 14:30

La palabra envidia, en hebreo 'quinah', significa literalmente ambiciĂ³n desmedida.
Carcoma de los huesos
En el concepto bĂ­blico, es una enfermedad del alma. SalomĂ³n la llama «carcoma de los huesos».

Carcomer es roer, consumir, corroer, apolillar. La carcoma pudre lentamente lo que toca. TĂº no te das cuenta. Cuando abres los ojos, todo estĂ¡ descompuesto.

San Juan CrisĂ³stomo acostumbraba decir: «De la misma forma que la polilla destruye mi ropa, asĂ­ la envidia consume la vida».

La envidia duele no por lo que te falta a ti, sino por lo que los otros tienen. Nace la comparaciĂ³n.

Lo que tortura al envidioso es la idea absurda de que los otros son mĂ¡s felices que Ă©l.

El apĂ³stol San Pablo dice a los corintios: «Porque no nos atrevemos a contamos ni a compararnos con algunos que se alaban a sĂ­ mismos; pero ellos, midiĂ©ndose a sĂ­ mismos por sĂ­ mismos, y comparĂ¡ndose consigo mismos, no son juiciosos» (2 Cor. 10:12).

La insensatez es contraria a la sabidurĂ­a. Es irracionalidad, pero controla la vida de mucha gente. Domina y subyuga las emociones, al punto de incapacitar para la felicidad.

Una persona envidiosa sufre en el silencio del corazĂ³n, agoniza por dentro, llora a escondidas.

Como toda enfermedad, la envidia tiene remedio. Siendo una enfermedad del alma, es evidente que su cura, mĂ¡s que mental o emocional, es espiritual.

Cuando tĂº vas a JesĂºs y le abres tu corazĂ³n, el Señor abre tus ojos para que veas una nueva dimensiĂ³n de la vida.

TĂº ves los desafĂ­os, las metas, las montañas altas a escalar. No pierdas el tiempo mirando a los costados.

Tu lucha no es contra los otros. Es contra ti mismo. El Ă©xito de los otros, ya no te duele. EstĂ¡s listo para volar por el azul infinito de la felicidad.

TĂº y yo tenemos una larga jornada de crecimiento interior, pero no estamos solos.

No te atrevas a comenzar el proceso de recuperaciĂ³n solo. Si lo haces, corres el riesgo de terminar en el desierto del cinismo espiritual.

Abre tus ojos y contempla el sol y la vida. Observa las maravillas de la creaciĂ³n. TĂº eres parte de esa maravilla.

El blanco de tu vida no es llegar a donde los otros llegan, sino alcanzar el plan divino para ti.

SĂ© feliz, porque: «El corazĂ³n apacible es vida para la carne; la envidia es carcoma de los huesos».

Tomado de: «Cada DĂ­a MĂ¡s Sabio»
18 de Noviembre - Web - Twitter - Youtube - Facebook