«Porque tĆŗ no eres un Dios que se complace en la maldad; el malo no habitarĆ” junto a ti». Salmo 5:4
El mejor argumento a favor del cristianismo es la vida del cristiano. Nadie puede refutar el argumento de una vida transformada.
Por otro lado, el mayor descrĆ©dito del cristianismo es la incoherencia de la persona que aceptó la teorĆa de la enseƱanza evangĆ©lica, pero no permitió que el mensaje se hiciera realidad en su experiencia diaria.
El cristianismo de fachada es tonto y perjudicial, por dos motivos: el primero es que Dios conoce todo y no puede ser engaƱado.
Sus ojos contemplan los rincones mÔs oscuros del corazón.
Podemos argumentar y discutir. Podemos repetir nuestras explicaciones al punto de creer en las mentiras que inventamos.
Pero hay alguien que sabe todo y delante del cual hasta los pensamientos mĆ”s Ćntimos son expuestos.
Ese Dios, segĆŗn el Salmista, es un Dios que no se complace con la iniquidad. Por tanto, ¿para quĆ© «aparentar» que eres cristiano?
¿CuĆ”l es la ventaja? ¿El respeto de los demĆ”s? ¿La opinión ajena? ¿El reconocimiento pĆŗblico? ¿No ves que todo eso no tiene sentido?
El Dios que todo lo ve “no se complace en la maldad”. En el aspecto de aprobación divina: cero.
Pero eso no es todo. Hay otro motivo por el cual el vivir solamente de las “apariencias” del cristianismo es tonto y va contra la propia naturaleza humana.
Explico: la entrada del pecado a este mundo trajo la muerte, acompaƱada de su sĆ©quito de instrumentos nocivos como la envidia, el crimen, el egoĆsmo, la codicia, la mentira, la hipocresĆa y otros.
Pero el ser humano fue creado con vocación de vida y la vida también trae sus virtudes: honestidad, verdad, sinceridad.
Por eso, cada vez que el ser humano practica la hipocresĆa, la mentira, o vive apenas la fachada de aquello que cree, se violenta a sĆ mismo, se autodestruye, hiere su mundo interior a punto de sangrar; sangre que no ve, pero cuyas consecuencias siente, en las diferentes Ć”reas de su experiencia.
Por eso pĆdele a Dios hoy el poder y la gracia que solo Ć©l puede darte, para vivir una vida de coherencia.
Y recuerda que: “... tĆŗ no eres un Dios que se complace en la maldad; el malo no habitarĆ” junto a ti”.
Tomado de: «Cada dĆa mĆ”s sabio»
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Alejandro Bullón - 24 de octubre
