«El temor del Señor alarga la vida, pero los años del impĂo son acortados». Proverbios 10:27
A lo largo de mi vida me ha tocado padecer varios terremotos, especialmente en la Ciudad de México. Recuerdo con terror cada uno de ellos.
Me faltan palabras para describir la angustia, la desesperaciĂłn, la fragilidad e impotencia que se siente durante un movimiento sĂsmico.
De pronto escuchas el bramido de la tierra y cĂłmo los edificios empiezan a sacudirse crujiendo sus paredes. Hay que actuar de inmediato.
Me acuerdo que una noche estudiaba tranquilamente en mi escritorio cuando de pronto empezĂł a temblar. El apartamento se bamboleaba de manera preocupante.
Mi hija mayor, entonces tenĂa cuatro años, corriĂł espantada a mis brazos en medio del terremoto. Cuando las paredes empezaron a crujir me di cuenta de que el edificio podrĂa derrumbarse.
Estábamos en un cuarto piso y no darĂa tiempo de evacuarlo. AsĂ que ambos nos guarecimos debajo del escritorio.
No puedo describir la profunda vulnerabilidad que sentĂ en ese lugar con mi hija en mis brazos mientras pasaba el seĂsmo. En ese momento supliquĂ© al cielo: “¡Sálvame, que perezco!”
Gracias a Dios la situaciĂłn no pasĂł a mayores.
Los terremotos que he vivido me recuerdan mi enorme fragilidad, lo efĂmera que es la existencia humana, los elementos que verdaderamente valen la pena en este mundo.
SĂ, una experiencia de esa naturaleza te ayuda a ubicar tus prioridades y te recuerda que tu vida en este planeta depende de la misericordia divina.
Los vaivenes de este mundo nos distraen de los elementos más valiosos de la vida.
Pero Dios tiene muchas formas de mostrarnos la profunda necesidad que tenemos de su presencia. No creo que sea necesario padecer un terremoto para ser conscientes de su cuidado.
Sin embargo, creo que es muy sano reconocer a menudo nuestra vulnerabilidad y lo mucho que necesitamos del Padre celestial.
Cuando uno de sus hijos suplica al cielo ayuda, el Señor ha logrado una gran victoria en el orgulloso corazón humano.
¿Hay un terremoto en tu vida sentimental? ¿Acaso tu vida espiritual está a punto de sucumbir al pecado? ¿O tus convicciones cristianas están siendo fuertemente sacudidas?
Es tiempo de buscar al Ăşnico que puede dar tranquilidad a tu vida y reordenar tus prioridades.
¡Clama a Ă©l ahora mismo!
Es tiempo de orar, confesando tus debilidades al Señor, reconociéndote frágil y vulnerable al pecado.
Entonces él te dará la fuerza que necesitas para superar la crisis.
Tomado de: «¡RenuĂ©vate!» - Alejandro Villarreal - 5 de Diciembre
