«El temor del Señor infunde plena confianza, y da esperanza a nuestros hijos». Proverbios 14:26
Doña Josefina tenía muchos problemas que agobiaban su vida. Ante la falta de soluciones y en medio de circunstancias cada vez más asfixiantes, estaba a punto de entrar en una crisis de ansiedad.
Un día alguien la invitó a la iglesia pero no le dio mucha importancia. Le pareció que sus dificultades no se resolverían con oraciones y cantos.
Sin embargo, después de varios años decidió asistir al templo adventista del séptimo día.
Al llegar a la puerta del templo se sintió un poco incómoda, puesto que no conocía a nadie. Imaginó que alguien la podía mirar con desconfianza. Pero decidió entrar.
Al poco rato escuchó cómo la congregación entonaba himnos de alabanza al Señor. Su corazón se conmovió y experimentó una gran paz.
A partir de ese día, continuó asistiendo a los servicios regulares.
De acuerdo con su testimonio, cada vez que entraba a la iglesia los cantos congregacionales la transportaban al ambiente celestial.
Se trataba de himnos que exaltaban el poder de Dios y sus grandes obras a favor de sus hijos. Después de un tiempo, decidió ser bautizada.
Posteriormente, me dijo: “Pastor, yo estoy aquí por los cantos. Cada vez que vengo a la iglesia me gozo en participar de ellos”.
¿Me creerías si te dijera que la congregación a la que se refería doña Josefina no tiene grandes voces en su haber?
¿Entonces a quién estaba escuchando? ¿Qué voces oía?
Cuando los hijos cantan con fervor, los ángeles del cielo se unen a ellos, de manera que los incrédulos escuchan música celestial.
¡No es tu voz ni la mía! Cada vez que cantas un himno, los ángeles se unen a ti para alabar con dignidad al Señor.
Por muy desentonada que sea una iglesia, el mismo Dios tiene misericordia de ella para que presente un culto aceptable a los ojos del universo celestial.
Por eso, ¡canta con fervor, con alegría y con esperanza!
Tú no sabes lo que en realidad escucharán las visitas en el templo. ¡Alaba a Dios por sus obras grandes y maravillosas!
No pierdas la oportunidad de participar con los coros celestiales desde la sencillez de tu congregación.
La próxima vez que asistas al templo alaba al Señor por sus obras grandes y maravillosas, además, experimenta el poder del canto y permite que los demás escuchen las voces angélicas junto a la tuya.
Tomado de: «¡Renuévate!» - Alejandro Villarreal - 13 de Diciembre
